Tal como cambiar el diseño
de las placas que nos permite conocer por donde caminamos,
modificar sus lugares de emplazamiento, contaminar visualmente
la ciudad con el agregado de frases publicitarias en
las modernas columnas que reemplazaron las antiguas
chapas adosadas a las paredes de los edificios emplazados
en las esquinas, etc.
Decíamos de forma, ya que dudamos que alguna
vez -por lo menos durante las últimas administraciones-
se haya realizado un censo cuadra por cuadra, manzana
por manzana, para encontrar las deficiencias y subsanarlas
para beneficio del contribuyente. Pensamos así
ya que fijando nuestra atención cuando transitamos
por las calles de Buenos Aires nos encontraremos con
un porcentaje importante de esquinas sin señalización
alguna. En otras, por el contrario, es posible observar
una superposición de indicaciones, ya que sobre
una misma pared se encuentran dos placas distintas y
en la misma intersección las modernas columnas.
Si bien esta última circunstancia no causa otro
problema que la estética (que la ciudad ya perdió),
la ausencia de señales origina no solo incomodidad
a quién transita sino un verdadero peligro para
la seguridad, ya que no son pocos los automovilistas
que inadvertidamente giran de contramano en momentos
de poco movimiento vehicular.
Otro descuido si se quiere imperdonable resultan los
errores ortográficos. Lo mínimo que debería
pedirse a los funcionarios que se ocupan de supervisar
la señalización es un correcto conocimiento
de la gramática. Y por supuesto, un eficaz sistema
de control sobre quienes resultan contratistas encargados
de la ejecución de las señales.
Como ejemplo testigo hemos tomado la calle Humberto
I, desde su iniciación misma en la zona portuaria,
hasta la avenida Boedo, donde concluye. Los registros
fotográficos que ofrecemos son prueba de cuanto
decimos:
En Humberto 1 y Paseo Colón,
TyC Sport nos instruye: "Juntá los papelitos
y tiralos en la cancha" (eso sí, no se te
ocurra tirarlos en los cestos de residuos).
En HUMBERTO I y Defensa, al parecer
bautizada allí como Calle de Tango Mariano Mores,
nos aguarda una chapa metálica de segunda generación
(en la primera, las placas tenían en relieve
un pequeño logo con el escudo de la ciudad de
Buenos Aires, que aún suele observarse en algunas
esquinas).
Al llegar a la intersección con 24 de Noviembre
(3200 3100), el organismo municipal nos obsequia con
una doble indicación. La primera, HUMBERTO
Iº, sin duda es la más antigua.
Cuando llegó la actualización, los funcionarios
de aquella época nos ayudaron indicando el sentido
de la circulación vehicular y la altura de la
calle. En este caso, la arteria se individualiza como
Humberto 1º.
En síntesis, la ex calle Comercio, que un día
después del atentado que costó la vida
al rey colonialista Manuel Juan María Fernando
Eugenio de Saboya, conocido como Humberto I de Saboya,
cambió su nombre por el de Humberto I (presidencia
de Julio Argentino Roca, intendencia de Adolfo J. Bulrrich)
reconoce cuatro registros diferentes en su denominación:
HUMBERTO I, HUMBERTO Iº, Humberto 1
Humberto 1º. (hemos respetado mayúsculas
y minúsculas según las señales).
Para aclarar las cosas diremos que la forma gramatical
correcta es la primera: HUMBERTO I
(ó Humberto I, si se escribiera con minúsculas).
Los nombres de reyes y papas se anuncian siempre, en
la ordenación cronológica, mediante el
uso de números romanos que, como se sabe, son
representados por siete letras mayúsculas del
alfabeto latino: I(uno), V (cinco), X (diez), L (cincuenta),
C (cien), D (quinientos) y M (mil).
Es obvio que los números romanos no llevan el
signo º que distingue a la numeración ordinal.
Por tanto, es absolutamente incorrecto acompañar
el nombre de un rey o papa con numeración arábiga,
(sean números cardinales u ordinales) para resaltar
determinado ordenamiento cronológico.
¿Tomarán nota los responsables?