| |
RAÚL GONZÁLEZ TUÑÓN
Don Raúl, porteño
empedernido ,enamorado de sus barrios amados, de la
gente que a diario cumple su rutina, mal informada,
condenada a la ignorancia, jaqueada por medios de comunicación
que la embota, a la que toca la pobreza, que carece
de líderes, a la que engañan con “mañana
será mejor”, les regaló algo invalorable:
su poesía. Nos preguntamos a menudo ¿para
qué nos sirve la poesía? González
Tuñón respondió esa pregunta cuando
su poesía canto a los barrios amados, cuando
en un arrollador Violín del Diablo, siendo muy
joven aún, irrumpió en la escena de la
belleza y de la protesta…cuando tomo partido por
los mártires de la insurrección de Asturias,
en aquel memorable libro La Rosa Blindada…cuando
inventó a su alter Ego: JUANCITO CAMINADOR, mezcla
de titiritero, farsante, marginal, prestidigitador,
hombre de mil aventuras y de mil puertos. Los mil puertos,
que a veces recorrió físicamente o que
su espíritu andarín anhelaba conocer…Barrios
queridos, puertos donde se escondía el misterio,
la vida dura, el vino y las prostitutas, campos de batalla
donde la sangre de tantos hermanos españoles
se masacraron…los personajes cotidianos observados
y descriptos, la injusticia…todo eso y mucho más
es la poesía que sirve al ser humano para reconocerse,
criticarse y a veces mejorar a través de la lectura
de versos que además de haber sido de un permanente
compromiso humano, tienen esa belleza sin la cual la
poesía no es tal. Nació el 29 de marzo
de 1905 y falleció en agosto de 1974. Pero está
vivo. Fue un visionario… su poesía trascendió…llegó
hasta hoy, intacta. Y Don Raúl seguirá
viviendo en nosotros con esa su figura menuda, sus ojos
de dulce fuego, de una gran fuerza espiritual, de una
gran valentía personal que se tradujo en inculcarnos
el amor por la vida, y por la libertad.
Vi la luz en el barrio del Once,
en el surero. /Cerca de allí nació también
Julio de Caro, /y escribió de la Púa sus
memorables versos. / Entonces aún la luna bajaba
hasta los patios./ ¿Era todo mejor? No lo sé.
Era distinto. / Había carnaval, nochebuena, organitos,
/ herrerías ,corralones y mágicos baldíos,/
Y en mi barrio nacieron la poesía y el tango…
/ Yo amaba ya la lluvia; era un niño perplejo.
/ Del almacén vecino salía un denso tufo
/ a lata ultramarina, a vino grueso y truco./ Y la siesta
en el barrio con sus perros tendidos, / los últimos
faroles de gas en las esquinas, / el enorme fonógrafo
con su disco inquietante: / “Alfredo, mi querido
Alfredo, / vamos a la tumba a morir los dos” /
la frontera del muro del asilo de enfrente, / y hoy,
a veces, escucho en el fondo del tiempo, / la risa de
mi madre detrás de los postigos…
Hasta siempre Don Raúl, Ud. vivirá siempre
en el recuerdo de los que de alguna manera somos sus
queridos seres humanos.
Martín Sandoval
|
|