Tengo
que reconocer que no soy “hincha”
de San Lorenzo, pero también que
sin duda mi aquerenciamiento en el barrio
me llevaron a una cordial simpatía
hacia el club que era la insignia futbolística
de Boedo. Tantos años compartiendo
amigos, familia, vecinos, todos furiosos
“cuervos” finalmente lograron
que los colores elegidos por el padre Lorenzo
Massa, tomados del manto de la Virgen de
María Auxiliadora anidaran también
en un pedazo de mi corazón. Desde
hace años vivo la vida de San Lorenzo
de Almagro casi con la misma intensidad
que sigo mis colores elegidos de niño.
La historia
de la vida institucional del club no me
es ajena, como no me fueron ajenos los carnés
rotos de muchos de mis amigos en circunstancias
aciagas, o la pérdida del Gasómetro
sustraído por la modernidad, o las
inolvidables caravanas del regreso a la
primera división tras el mal paso
hace unos pocos años. Como en todos
los clubes, hubo tiempos de vientos a favor
y de vientos en contra. Pero siempre el
fervor de la hinchada sanlorencista fue
casi único. Escribíamos hace
solo cuarenta y ocho horas sobre la inolvidable
marcha organizada por la Subcomisión
del Hincha y la honra que supone la presencia
del Cardenal Primado de la Argentina, rezando
la misa desde el mismo lugar que el padre
Lorenzo Massa la rezó para aquellos
pioneros en 1907 y 1908.
La invitación
para compartir la fiesta del aniversario
llegó y con alegría me sume
a quienes esperábamos con ansias
el 1º de abril. El tiempo nos jugó
una mala pasada pero, casi diría
que fue mejor así. Si bien el 2 de
abril es una jornada para recordar la gesta
heroica de Malvinas, no desmerece el respeto
y la evocación de nuestros héroes
de guerra la realización de una fiesta
popular como la vivida en la noche del miércoles.
Ya
desde muy temprano las tribunas del Nuevo
Gasómetro, uno de los mejores estadios
de fútbol argentino, se vieron pobladas
por multitud de personas de toda condición
social, hombres y mujeres de toda edad,
familias enteras, que se disponían
a vivir una noche de fiesta. Más
de 40.000 personas se dieron cita para,
entre cánticos y vivas, conmemorar
los 100 años del Ciclón. Y
ya comenzaba a ponerse la “piel de
gallina” cuando el estadio se ensombreció
una instantes para volver las luces en una
fiesta de color recibida con una impresionante
ovación. Y comenzó el espectacular
despliegue escenográfico preparado
para la ocasión. Y no hubo ya fracciones
en pugna, oficialistas y opositores, sino
un solo e inmenso corazón que latía
apresuradamente cada vez que los parlantes
anunciaban la presencia de las queridas
figuras de los deportistas que nos hicieran
vivir la alegría del tablón.
Y los artistas acompañando con su
talento la fiesta. Hasta el reconocido Viggo
Mortensen que llegó a Buenos Aires
especialmente para estar allí, en
la misma cancha que los ídolos del
fútbol nos ofrecen triunfos y derrotas.
Ví
lágrimas en muchos rostros con cabello
cano y también en caras juveniles,
que expresaban la emoción de cada
momento. Y los rostros de los deportistas
de ayer y de hoy se mezclaban en la misma
emoción, y los cuerpos se estrechaban
en innumerables abrazos. No faltó
el recuerdo para los otros deportes que
dieron brillo a la institución y
quienes lo practicaron. Y “Sur”
en la voz del Chiqui Pereyra, como para
decir que Homero es el vínculo de
unión con los eternos adversarios,
que también, en 2008, cumplirán
su centenario. Y la medianoche no se terminaba
de apagar, nadie quería irse, el
regreso al hogar se demoraba, porque todos
estaban en ese momento unidos como las cuentas
de un collar, bajo un solo nombre. ¡San
Lorenzo…!
Aníbal Lomba
www.nuevociclo.com.ar
Producción
Propia
Fotografía: Diario Clarín
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