No
podemos dejar pasar por alto una pieza oratoria
que ha tenido una escasa difusión
en los medios argentinos y suponemos en
todo el mundo, donde se habrá recogido
sólo algunas frases.
Desde NUEVO CICLO periódico
vecinal del populoso e histórico
barrio porteño, nos permitimos calificar
de ADMIRABLE ! este discurso del nuevo presidente
de la República Oriental del Uruguay,
“Pepe” Mujica, que entendemos
debe ser el Primer Jefe de Estado y/o de
gobierno, por lo menos en nuestro continente,
que establece abierta y claramente cuál
es la PRIORIDAD. Sus antecedentes personales
y los del país oriental, nos hacen
tener la esperanza que no serán vanas
palabras .
Colaboración
del lector René Huber:
Discurso de Pepe
Mujica (Presidente de Uruguay) a los intelectuales
Queridos amigos:
La
vida ha sido extraordinariamente generosa
conmigo.
Me ha dado un sinfín
de satisfacciones más allá
de lo que nunca me hubiera
atrevido a soñar.
Casi todas son inmerecidas.
Pero ninguna más que la de hoy: encontrarme
ahora aquí, en el corazón
de la democracia uruguaya, rodeado de cientos
de cabezas pensantes. ¡Cabezas pensantes!
A diestra y siniestra. Cabezas pensantes
a troche y moche, cabezas pensantes pa’
tirar pa’ arriba.
¿Se acuerdan de
Rico Mac Pato, aquel tío millonario
del pato Donald que nadaba en una piscina
llena de billetes?
El tipo había desarrollado una sensualidad
física por el dinero.
Me gusta pensarme como
alguien que le gusta darse baños
en piscinas llenas de inteligencia ajena,
de cultura ajena, de sabiduría ajena.
Cuanto más ajena, mejor.
Cuanto menos coincide con mis pequeños
saberes, mejor.
El semanario BÚSQUEDA
tiene una hermosa frase que usa como insignia:
“Lo que digo no
lo digo como hombre sabedor, sino buscando
junto con vosotros”.
Por una vez estamos de acuerdo.
¡Si estaremos
de acuerdo!
Lo que digo, no lo digo como chacarero sabiondo,
ni como payador leído, lo digo buscando
con ustedes.
Lo digo, buscando, porque sólo los
ignorantes creen que la verdad es definitiva
y maciza, cuando apenas es provisoria y
gelatinosa.
Hay que buscarla porque
anda corriendo de escondite en escondite.
Y pobre del que
emprenda en soledad esta cacería.
Hay que hacerlo con ustedes,
con los que han hecho del trabajo intelectual
la razón de su vida. Con los que
están aquí y con los muchos
más que no están.
DE TODAS LAS DISCIPLINAS
Si miran para el costado
van a encontrar seguramente algunas caras
conocidas porque se trata de gente que se
desempeña en espacios de trabajo
afines. Pero van a encontrar mucho más
caras que les son desconocidas, porque la
regla de esta convocatoria ha sido la heterogeneidad.
Aquí están los que se dedican
a trabajar con átomos y moléculas
y los que se dedican a estudiar las reglas
de la producción y el intercambio
en la sociedad.
Hay gente de las ciencias
básicas y de su casi antípoda,
las ciencias sociales; gente de la biología
y del teatro, y de la música, de
la educación, del derecho y del carnaval.
Y en tren de que no falte nada, hay gente
de la economía, de la macroeconomía,
de la microeconomía, de la economía
comparada y hasta alguno de la economía
doméstica.
Todas cabezas pensantes,
pero que piensan en distintas cosas y pueden
contribuir desde sus distintas disciplinas
a mejorar este país.
Y mejorar este país significa muchas
cosas, pero desde los acentos que queremos
para esta jornada, mejorar el país
significa empujar los complejos
procesos que multipliquen por mil el poderío
intelectual que aquí está
reunido.
Mejorar el país,
significa que dentro de veinte años,
para un acto como este no alcance el Estadio
Centenario, porque al Uruguay le salen ingenieros,
filósofos y artistas hasta por las
orejas.
No es que queramos un país que bata
los record mundiales por el puro placer
de hacerlo.
Es porque está demostrado que, una
vez que la inteligencia adquiere un cierto
grado de concentración en una sociedad,
se hace contagiosa.
INTELIGENCIA DISTRIBUIDA
Si un día llenamos
estadios de gente formada va a ser porque
afuera, en la sociedad, hay cientos de miles
de uruguayos que han cultivado su capacidad
de pensar.
La inteligencia que le
rinde a un país es la inteligencia
distribuida.
Es la que no está
sólo guardada en los laboratorios
o las universidades, sino la que anda por
la calle.
La inteligencia
que se usa para sembrar, para tornear, para
manejar un autoelevador o para programar
una computadora.
Para cocinar, para atender
bien a un turista, es la misma inteligencia.
Unos subirán más escalones
que otros, pero es la misma escalera.
Y los peldaños
de abajo son los mismos para la física
nuclear que para el manejo de un campo.
Para todo se precisa la misma mirada curiosa,
hambrienta de conocimiento y muy inconformista.
Se termina sabiendo, porque antes supimos
estar incómodos por no saber.
Aprendemos porque tenemos
picazón y eso se adquiere por contagio
cultural, casi cuando abrimos los ojos al
mundo.
Sueño con un país
en el que los padres le muestren el pasto
a los hijos chicos y le digan: “¿Sabés
qué es eso?, es una planta procesadora
de la energía del sol y de los minerales
de la tierra”.
O que les muestren el cielo estrellado y
hagan piecito en ese espectáculo
para hacerlos pensar en los cuerpos celestes,
en la velocidad de la luz y
en la transmisión de las ondas.
Y no se preocupen, que
esos uruguayos chicos igual van a seguir
jugando al fútbol. Sólo que,
en una de esas, mientras ven picar la pelota
puedan
pensar a la vez en la elasticidad de los
materiales que la hacen rebotar.
CAPACIDAD DE INTERROGARSE
Había un dicho:
“No le des pescado a un niño,
enséñale a pescar”.
Hoy deberíamos
decir: “No le des un dato al niño,
enséñale a pensar”.
Tal como vamos, los depósitos
de conocimiento no van a estar más
dentro de nuestras cabezas, sino ahí
afuera, disponibles para buscarlos por Internet.
Ahí va a estar
toda la información, todos los datos,
todo lo que ya se sabe.
En otras palabras, van a estar todas las
respuestas.
Lo que no van a estar son todas las preguntas.
En la capacidad de interrogarse
va a estar la cosa.
En la capacidad de formular preguntas fecundas,
que disparen nuevos esfuerzos de investigación
y aprendizaje.
Y eso está allá
abajo, marcado casi en el hueso de nuestra
cabeza, tan hondo que casi no tenemos conciencia.
Simplemente aprendemos a mirar el
mundo con un signo de interrogación,
y esa se vuelve la manera natural de mirar
el mundo.
Se adquiere temprano y
nos acompaña toda la vida.
Y sobre todo, queridos amigos, se contagia.
En todos los tiempos, han sido ustedes,
los que se dedican a la actividad intelectual,
los encargados de desparramar la semilla.
O para decirlo con palabras
que nos son muy queridas: ustedes han sido
los encargados de encender la admirable
alarma.
Por favor, vayan y contagien.
¡No perdonen a nadie!
Necesitamos un tipo de cultura que se propague
en el aire, entre en los hogares, se cuele
en las cocinas y esté hasta en el
cuarto de baño.
Cuando se consigue eso,
se ganó el partido casi para siempre.
Porque se quiebra la ignorancia esencial
que hace débiles a muchos, una generación
tras otra.
EL CONOCIMIENTO
ES PLACER
Necesitamos masificar
la inteligencia, primero que nada para hacernos
productores más potentes. Y eso es
casi una cuestión de supervivencia.
Pero en esta vida, no se trata sólo
de producir: también hay que disfrutar.
Ustedes saben mejor que
nadie que en el conocimiento y la cultura
no sólo hay esfuerzo sino también
placer.
Dicen que la gente que
trota por la rambla, llega un punto en el
que entra en una especie de éxtasis
donde ya no existe el cansancio y sólo
queda el
placer.
Creo que con el conocimiento
y la cultura pasa lo mismo. Llega un punto
donde estudiar, o investigar, o aprender,
ya no es un esfuerzo y es puro disfrute.
¡Qué bueno sería que
estos manjares estuvieran a disposición
de mucha gente!
Qué bueno sería, si en la
canasta de la calidad de la vida que el
Uruguay puede ofrecer a su gente, hubiera
una buena cantidad de consumos intelectuales.
No porque sea elegante
sino porque es placentero.
Porque se disfruta, con la misma intensidad
con la que se puede disfrutar un plato de
tallarines.
¡No hay una lista obligatoria de las
cosas que nos hacen felices!
Algunos pueden pensar que el mundo ideal
es un lugar repleto de shopping centers.
En ese mundo la gente es feliz porque todos
pueden salir llenos de bolsas de ropa nueva
y de cajas de electrodomésticos…
No tengo nada contra esa visión,
sólo digo que no es la única
posible.
Digo que también podemos pensar en
un país donde la gente elige arreglar
las cosas en lugar de tirarlas, elige un
auto chico en lugar de un auto grande, elige
abrigarse en lugar de subir la calefacción.
Despilfarrar
no es lo que hacen las sociedades más
maduras. Vayan a Holanda y vean las ciudades
repletas de bicicletas. Allí se van
a dar cuenta de que
el consumismo no es la elección de
la verdadera aristocracia de la humanidad.
Es la elección de los noveleros y
los frívolos.
Los holandeses andan en bicicleta, las usan
para ir a trabajar pero también para
ir a los conciertos o a los parques.
Porque han llegado a un nivel en el que
su felicidad cotidiana se alimenta tanto
de consumos materiales como intelectuales.
Así
que amigos, vayan y contagien el placer
por el conocimiento.
En paralelo, mi modesta contribución
va a ser tratar de que los uruguayos anden
de bicicleteada en bicicleteada…
INCONFORMISMO
Les pedía
antes que contagien la mirada curiosa del
mundo, que está en el ADN del trabajo
intelectual.
Y ahora agrando el pedido
y les ruego que contagien inconformismo.
Estoy convencido que este
país necesita una nueva epidemia
de inconformismo como la que los intelectuales
generaron décadas atrás.
En el Uruguay, los que estamos en el espacio
político de la izquierda somos hijos
o sobrinos de aquel semanario Marcha del
gran Carlos Quijano.
Aquella generación de intelectuales
se había impuesto a sí misma
la tarea de ser la conciencia crítica
de la nación. Anduvieron con alfileres
en la mano pinchando globos y desinflando
mitos.
Sobre todo el mito del Uruguay multicampeón.
Campeón de la cultura, de la educación,
del desarrollo social y de la democracia.
¡Qué íbamos a ser campeones
de nada! Y menos en esos años, en
las décadas de los cincuenta y sesenta,
donde el único récord que
supimos conseguir fue la del país
de Latinoamérica que menos creció
en veinte años.
Sólo nos superó Haití
en ese ranking.
Esos intelectuales ayudaron a demoler aquel
Uruguay de la siesta conformista.
Con todos sus defectos, preferimos esta
etapa, donde estamos más humildes
y ubicados en la real estatura que tenemos
en el mundo.
Pero tenemos que recuperar
aquel inconformismo y tratar de metérselo
debajo de la piel al Uruguay entero.
Antes les decía
que la inteligencia que le sirve a un país
es la inteligencia distribuida.
Ahora les digo que el inconformismo que
le sirve a un país es el inconformismo
distribuido.
El que ha invadido
la vida de todos los días y nos empuja
a preguntarnos si lo que estoy haciendo
no se puede hacer mejor.
El inconformismo está en la naturaleza
misma del trabajo que ustedes hacen.
Se precisa que se nos haga a todos una segunda
naturaleza.
Una cultura del inconformismo es la que
no nos deja parar hasta conseguir más
kilos por hectárea de trigo o más
litros por vaca lechera.
Todo, absolutamente todo, se puede hacer
hoy un poco mejor que ayer.
Desde tender la cama de un hotel a matrizar
un circuito integrado.
Necesitamos una
epidemia de inconformismo. Y eso también
es cultural, eso también se irradia
desde el centro intelectual de la sociedad
a su periferia.
Es el inconformismo
el que ha ganado el respeto a pequeñas
sociedades y a lo que hacen.
Ahí andan los suizos, cuatro gatos
locos como nosotros, que se dan el lujo
de andar por ahí vendiendo calidad
suiza o precisión suiza.
Yo diría que lo que de verdad venden
es inteligencia e inconformismo suizos,
ese que tienen desparramado por toda la
sociedad.
LA EDUCACION ES
EL CAMINO
Y amigos, el puente
entre este hoy y ese mañana que queremos
tiene un nombre y se llama educación.
Y mire que
es un puente largo y difícil de cruzar.
Porque una cosa es la retórica de
la educación y otra cosa es que nos
decidamos a hacer los sacrificios que implica
lanzar un gran esfuerzo educativo y sostenerlo
en el tiempo.
Las inversiones
en educación son de rendimiento lento,
no le lucen a ningún gobierno, movilizan
resistencias y obligan a postergar otras
demandas.
Pero hay que hacerlo.
Se lo debemos a nuestros hijos y nietos.
Y hay que hacerlo ahora, cuando todavía
está fresco el milagro tecnológico
de Internet y se abren oportunidades nunca
vistas de acceso al conocimiento.
Yo me crié con
la radio, vi nacer la televisión,
después la televisión en colores,
después las transmisiones por satélite.
Después resultó que en mi
televisor aparecían cuarenta canales,
incluidos los que trasmitían en directo
desde Estados Unidos, España e Italia.
Después los celulares y después
la computadora, que al principio sólo
servía para procesar números.
Cada una de esas veces, me quedé
con la boca abierta.
Pero ahora con Internet
se me agotó la capacidad de sorpresa.
Me siento como aquellos humanos que vieron
una rueda por primera vez.
O como los que vieron
el fuego por primera vez.
Uno siente que le tocó en suerte
vivir un hito en la historia.
Se están abriendo
las puertas de todas las bibliotecas y de
todos los museos; van a estar a disposición,
todas las revistas científicas y
todos los libros del mundo. Y probablemente
todas las películas y todas las músicas
del mundo. Es abrumador.
Por eso necesitamos que todos los uruguayos
y sobre todo los uruguayitos sepan nadar
en ese torrente.
Hay que subirse
a esa corriente y navegar en ella como pez
en el agua.
Lo conseguiremos si está
sólida esa matriz intelectual de
la que hablábamos antes.
Si nuestros chiquilines saben razonar en
orden y saben hacerse las preguntas que
valen la pena.
Es como una carrera en dos pistas, allá
arriba en el mundo el océano de información,
acá abajo preparándonos para
la navegación trasatlántica.
Escuelas de tiempo completo, facultades
en el interior, enseñanza terciaria
masificada.
Y probablemente, inglés desde el
preescolar en la enseñanza pública.
Porque el inglés no es el idioma
que hablan los yanquis, es el idioma con
el que los chinos se entienden con el mundo.
No podemos estar afuera. No podemos dejar
afuera a nuestros chiquilines.
Esas son las herramientas que nos habilitan
a interactuar con la explosión universal
del conocimiento.
Este mundo
nuevo no nos simplifica la vida, nos la
complica.
Nos obliga a ir más lejos y más
hondo en la educación.
No hay tarea más grande delante de
nosotros.
EL IDEALISMO AL
SERVICIO DEL ESTADO
Queridos amigos,
estamos en tiempos electorales.
En benditos y malditos
tiempos electorales.
Malditos, porque nos ponen a pelear y a
correr carreras entre nosotros.
Benditos, porque nos permiten la convivencia
civilizada.
Y otra vez benditos, porque
con todas sus imperfecciones, nos hacen
dueños de nuestro destino. Aquí
todos aprendimos que es preferible la peor
democracia a la mejor dictadura.
En los tiempos electorales, todos nos organizamos
en grupos, fracciones y partidos, nos rodeamos
de técnicos y profesionales, y desfilamos
frente al soberano. Hay adrenalina y entusiasmo.
Pero después, alguien gana y alguien
pierde.
Y eso no debería ser un drama.
Con unos o con otros, la democracia uruguaya
seguirá su camino e irá encontrando
las fórmulas hacia el bienestar.
Nos toque el lugar que
nos toque, allí vamos a estar tratando
de poner el hombro.
Y estoy seguro de que ustedes también.
La sociedad, el Estado y el Gobierno precisan
de sus muchos talentos.
Y precisan
aún más de su actitud idealista.
Los que estamos aquí, nos acercamos
a la política para servir, NO para
servirnos del Estado.
La buena fe es nuestra única intransigencia.
Casi todo lo demás es negociable.
Gracias por acompañarme.
Pepe Mujica.
Esta magnífica
`pieza oratoria que nos gustaría
leer en todos los periódicos y revistas
de América y deseariámos escuchar
a cada uno de los políticos del Continente,
fue pronunciada previo al día de
la elección que lo eligió
presidente.
Mientras en nuestro bendito
país, que alguna vez fue líder
del progreso en la America del siglo XX,
existen 27 partidos políticos en
el orden nacional, y los elegidos se enfrentan
diariamente en debates interminables y muchos
ni siquiera se saludan entre sí,
el nuevo presidente de la hermana república
recibió a más de 1.500 hombres
de negocios, uruguayos, argentinos y brasileros,
sentando junto a él sus colegas ex
presidentes. Y allí se miró
hacia el futuro. Los ex Tupamaros hoy gobernantes,
aprendieron la lección de la historia,
aprendieron la realidad del mundo de hoy
y aquellos que hace 30 años los combatieron
y enfrentaron con las armas, hoy conviven,
como en la Europa de este siglo, sabiamente,
buscando el entendimiento y el consenso
que las armas no habían conseguido
. Lección de inteligencia, de generosidad,
que están dando a los países
de nuestra América, que no alcanzaron
aún la educación y la inteligencia
que les permita elaborar un discurso similar
al del humilde, sencillo, pero inteligente
Pepe Mujica.
Dios lo Guarde.
Aníbal Lomba
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