BOEDO,
Buenos Aires,
Nuevo Ciclo el más antiguo periódico
vecinal del barrio de Boedo y uno de los
de mayor antigüedad que se editan en
la Capital argentina, incorpora, a partir
de la fecha y en su edición digital
que llega a todo el mundo hispano parlante,
la sección de Crítica cinematográfica.
Será su responsable Josefina Peralta,
historiadora, crítica de cine, que,
favorecida por su formación humanística
obtenida en su paso por las aulas universitarias,
le otorga a sus comentarios críticos
sobre el arte cinematográfico, un
particular sesgo que ayuda al lector a pensar
la película con mayor bagaje técnico
e intelectual. En esta cita mensual que
tendremos con ella, esperamos que nos acompañen
muchos de nuestros visitantes habituales
y seguramente los que se irán incorporando
paulatinamente.
Dos películas y una
serie sobre
la otredad y otras cosas.
por Josefina Peralta
Entre los muros, Avatar
y Lost.
El tema
del otro es un tema apasionante. En el fondo,
todo nos habla de él. Lo que no soy
yo es otro, y cómo convivo, cómo
me enfrento, cómo juzgo, cómo
miro, cómo asimilo al otro es en
sí la tarea de estar vivos.
Políticamente,
el “otro” ha estado siempre
corporizado en pueblos, en naciones, en
bloques. El otro es desde el comienzo, el
que está del otro lado del río,
del mar o la montaña. Después
de la Segunda Guerra, el bloque democrático
y el bloque comunista se opusieron cual
dos naipes sosteniéndose el uno al
otro en un juego de equilibrio inestable.
Sin embargo, en los ochenta, algo catalizó
y el falso empate se pulverizó.
1989.- 2001: Los años
optimistas. Todo era posible. Habían
ganados los buenos, y ahora “los otros”
iban a probar el sabor de la libertad y
a reconocer la supremacía moral del
modelo victorioso. Apareció el concepto
de corrección política. No
se podía decir gratuitamente cualquier
cosa. La economía mundial creció.
Las distancias se achicaron. La tecnología
hizo de todo pero más rápido.
Muchas cosas mejoraron desde entonces. Muchas
empeoraron también.
Pero a nuestra naturaleza
humana, polar por definición, pertenece
el mirar todo en términos de “yo”
y “el resto”, de “uno”
y “otro. ¿Qué otra cosa
es el Mal sino los otros? No vengo a decir
que el Mal es absolutamente relativo. Pero
tampoco es absolutamente absoluto.
Lyotard nos advirtió,
antes del 2001, sobre la porosidad del Mal.
Al no poder encaramarse en un poder visible,
el Mal nos entraría por los poros,
y actuaría desde dentro. Aparecería,
como un cáncer, luchando contra el
mismo organismo que lo cobijaba. Sin duda,
el 9-11 vino a darle la razón.
Dos películas
que ví (una en DVD, la otra en cine)
en la misma semana, actualizaron el tema.
Dos miradas diferentes sobre la misma cuestión,
una europea, la otra americana.
Entre
los Muros, de Cantet.
Si, es el
mismo director de Recursos Humanos y El
Empleo del Tiempo.
Sus preocupaciones
pasan por el sentido de integración
del ser humano. Integrarse con otros, ser
parte de. Esa necesidad tan primaria de
gregariedad.
Cuando querían
castigar a alguien, los griegos lo mandaban
al exilio, lo desterraban. Cuando somos
chicos, que cosa hay peor que sentir que
la banda no te quiere, que no te eligen
para jugar al futbol, que el grupo de chicas
populares no te invita a sus fiestas?
Y de no tan chico, Cantet
se pregunta en El Empleo del Tiempo, por
el sentido del trabajo como fuente de integración
humana. Este hombre tan solo que sigue yendo
a los rascacielos de oficinas tan solo para
mezclarse con las tribus corporativas y
fingir por unas horas ser uno mas?
Vi la película
hace ya mucho tiempo, y sin embargo, guardo
fresca la amargura de esas secuencias.
Ahora
vuelve con el tema de la integración,
pero en una escuela. El experimento es más
o menos así: ¿Qué pasa
si colocamos la cámara y registramos
durante un año lectivo todo lo que
sucede en un aula de un colegio suburbano
francés, en el que se mezclan las
religiones, las nacionalidades, los orígenes
raciales y los colores? ¿Qué
pasa si esa cámara es aparentemente
objetiva, si sólo muestra los fenómenos
y no se mete con la subjetividad o las interpretaciones
de carácter? Bazin puro, dirían
los críticos de cine. Nada dice esta
cámara acerca de su personaje principal.
Ese profesor bienpensante, que quiere hacer
el bien (al grupo, al país que es
Francia, al mundo post caída del
muro?) que incluso se enfrenta a sus pares
por defender al que es diferente, también
es humano y se le escapa algún juicio
en el fragor de una discusión, y
dice a algunas de sus alumnas algo que le
cuesta caro. Algo que no es políticamente
correcto. Su mismo gesto nos habla de la
imposibilidad de tanta corrección
política, de tanto esfuerzo por sostener
en vano una estantería que pesa más
arriba, donde están los jóvenes
y que en cualquier momento se vendrá
encima.
Las razones son otras,
o quizás en el fondo son las mismas,
pero las respuestas de estos adolescentes
-a quienes les espera afuera un mundo nada
sutil, ingrávido ni gentil-, son
muy parecidas a las que podría encontrar
un chico nuestro en nuestro Buenos Aires
suburbano. Y nos habla de que en este mundo
pseudo globalizado, incluso los problemas
de la globalización, son globales.
Entre
los muros es una película casi zen.
Una mirada que muestra sin interpretar ni
juzgar, las estructuras de coherencia de
los personajes. Una mirada que no puede
anticipar lo que hará cada uno, pero
tampoco interesa. Sólo muestra y
se permite concluir, con la sensación
de imposibilidad más asfixiante que
yo haya sentido en los últimos tiempos,
que estamos fritos.
Avatar es el otro
extremo de Entre los Muros.
Leí
hace poco en una crítica que defendía
a la primera de la (falsa) acusación
de tener diálogos pueriles, o cuanto
menos, poco inteligentes. Y decía
el cronista que no se le pide a Cantet que
filme escenas de guerra en la selva como
las que filma Cameron, y que no se le debe
pedir a Cameron que tenga diálogos
como los de Cantet. Como si fueran dos habilidades
mutuamente excluyentes. Creo que la comparación
es falsa, porque ambos ponen diálogos
en sus películas, pero sólo
uno filma las batallas selváticas.
Se le pide a ambos excelencia en lo que
filman, con el guión y con la cámara.
No
obstante, difiero con la crítica
en otro sentido. Creo que sí hay
diálogos pueriles, pero no importa.
Son barridos por la fuerza de las imágenes
en Avatar. Esta no es una película
zen. Al contrario, grita su sentido, comunica
de todas las maneras posibles la imposibilidad
del ser humano de seguir en la dirección
que va. Pero es a su manera, mucho más
esperanzadora que la de Cantet. El avatar
puede ser leído como una parte de
nosotros mismos, que despierta a una nueva
conciencia.
Y qué
belleza hay en las tomas que relatan ese
despertar en un nuevo cuerpo, ese asombro
(que puede haber sido también el
asombro del primer hombre) del estrenar
cuerpo y estrenar mundo. El asombro de conocer
las posibilidades de sentir, de moverse,
de oler, de mirar. Una nueva biología.
¿Cómo será dejar de
tener estos límites humanos, pero
tener otros? Dado que los colores, los olores,
no son propiedades de los objetos sino formaciones
cerebrales humanas… ¿qué
colores, qué olores seríamos
capaces de sentir si habitáramos
otro cockpit? ¿Y qué si un
día jugáramos a despertarnos
como ese avatar en nuestro propio cuerpo,
y a asombrarnos y maravillarnos de sus posibilidades?
Recuerdo haber leído hace mucho que
el asombro era uno de los disparadores de
la filosofía. Otro eran las situaciones
límite.
En
un momento, el personaje reza ante el árbol
sagrado, y le pide a la diosa que los salve.
La heroína lo mira con ternura, y
le dice que su diosa no toma partido, simplemente
es. Eso es zen. Sin embargo, la película
es americana, y no puede con ese espíritu.
La batalla la gana el héroe y por
si fuera poco, cual Di Caprio gritando “I’m
the king of the World”, aquel grita
en el medio del fragor del triunfo algo
así como “gracias por haber
tomado partido”. De un lado o de otro,
dios sigue siendo americano.
Después
de la caída del muro, nada es lo
mismo. La pregunta sobre el otro ya no está
formulada en términos de igualdad.
La pregunta ahora es qué hacemos
con él, como si estuviera en nuestras
manos y nos quemara. A aquel lado del océano,
nos dicen que no les va nada bien intentando
integrar a los diferentes, pero ¿qué
camino hay? De este lado del mar, pero más
arriba, nos dicen que les va mal intentando
aniquilarlos.
Lost
también habla del “Otro”
(entre los millones de cosas de que habla)
Otros que hablan sobre la Otredad son los
guionistas de Lost. Vieron que una tribu
se llama “los otros”, pero después
resulta que son los unos, y sobre el final
de la quinta temporada, aparecen unos nuevos
que dicen “somos los buenos”?
Bueno, podría hablar décadas
sobre Lost. Pero eso es otro capítulo.
¿Y
se dieron cuenta de que Avatar termina como
empieza Lost, con un plano cerradísimo
sobre el ojo del protagonista abriéndose?
Un ojo que es una mirada, una subjetividad
que tiene que empezar a entender la lógica
de un mundo nuevo.
www.nuevociclo.com.ar
Producción
Propia
Más
noticias
|