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Boedo. Una mirada...
Literatura
En literatura se fue conformando, allá por el 1920, el llamado «Grupo de Boedo» muy influenciado por los escritores rusos de la pre-revolución. Era el arte al servicio de lo social y lo político, más prosistas que verseadores. Se destacaron figuras como Leónidas Barletta, Elías Castelnuovo, Alvaro Yunque, Nicolás Olivari, César Tiempo, entre otros. Avalados todos por varios editores de la zona de clara orientación socialista, pero nucleados especialmente en una editorial denominada Claridad que publicaba sus libros.
Este grupo contrastó con otro de esa misma época, llamado «Grupo de Florida» que publicaban en las revistas Proa y Martín Fierro. Muy diferente a Boedo -calle del suburbio gris y pobretón, de la masa criollo-inmigrante- era Florida, una calle refinada del centro. Sobresalieron en este grupo gente como Jorge Luis Borges, Leopoldo Marechal, González Lanuza; eran los buceadores del arte por el arte. Escritores que acusaban a sus colegas suburbanos de su mal gusto artístico, mientras que los boedenses les reprochaban la falta de sensibilidad social. «A pesar de sus notorias limitaciones, la oposición Boedo-Florida es útil para caracterizar la novelística de ese momento. Boedo alimenta una pléyade iconoclasta de izquierdistas y soñadores. Florida, elegante y cosmopolita, adopta ideales literarios modernos refinados. Boedo mira a las gentes sencillas, a los destinos castigados y no rehuye el lunfardo. Florida intenta crear una expresión argentina depurada, original, en la que asoma un peculiar barroquismo. Boedo practica cierto neonaturalismo desgarrante bajo el influjo de Dostoievski, de Tolstoi, de Gorki. Los escritores de Florida, más cultivados, más artistas, ahondan igualmente en la problemática nacional, pero con menos preocupación militante», así nos cuenta en el artículo «Perspectiva de nuestra novela» Antonio Pagés Larraya en el Boletín del Fondo Nacional de las Artes Argentinas editado en 1960.


Tango
De aquellos arrabales con sus seres marginales -malevo, cuchillero, etc.- fueron creciendo de a poco trovadores que en la Argentina se los llamaba payadores. A principios del siglo XIX, fueron madurando, a través de toda la ciudad, formas musicales que dieron origen al tango y a la milonga, géneros que enriquecidos por la inmigración, concluyeron en la música ciudadana que hoy conocemos. Los autores de tango que tratan sobre este barrio, fueron:


Homero Manzi, con su Sur,
«San Juan y Boedo antiguo, y todo el cielo,
Pompeya y más allá la inundación.
Tu melena de novia en el recuerdo
y tu nombre flotando en el adiós.
La esquina del herrero, barro y pampa,
tu casa, tu vereda y el zanjón,
y un perfume de yuyos y de alfalfa
que me llena de nuevo el corazón...»


Cátulo Castillo, del cual del Pino comenta «hombre de Boedo, en todo, cuando Boedo involucra como latitud espiritual y como cuna de una trascendencia corriente de artes populares. Compartió con Homero Manzi y con compositores como Piana y Maffia, esa «Escuela de Boedo», que vino a exaltar el porteñísmo esencial por la exaltación del pasado, mediante tratamientos literarios, avanzados, refinados y temperalmente asociados a la más pura tradición hispana.»
Julián Centella, de él dijo Alberto Mosquera Montaña: «Se afincó en Boedo -su país- como lo llamaba. Transitó sin cansarse por las calles del arrabal y se hizo dueño del asfalto ciudadano». Sebastián Piana, «compositor de música popular, cuentan que cuando los cigarrillos «Tango» organizaron un concurso en 1922, Piana llevó una partitura a González Castillo para que le pusiera letra, así surgieron los versos de Sobre el pucho, que después Gardel lanzó a la fama.»
Dante A. Linyera, escribió el tango Boedo donde en la partitura de la época explica: «Dedico este pequeño recuerdo a mis compañeros de infancia, los muchachos de Boedo», la música le perteneció a Julio De Caro. Van aquí algunos versos del mismo:

«Sos barrio del gotán y la pebeta
el corazón del arrabal porteño
cuna del malandrín y del poeta
rincón cordial
la capital
del arrabal
Boedo, vos sos como yo
malevo como es el gotán,
abierto como un corazón
que ya se cansó de penar...»

Fútbol
A principios del siglo XX, un cura del barrio -Lorenzo Masa, de la orden salesiana- para sacar a los jóvenes de la influencia negativa de esos arrabales, crea un club de fútbol, cuya casaca posee los colores azul y rojo, que luego se convierte en uno de los grandes del fútbol argentino, San Lorenzo de Almagro, fundado en la Capilla San Antonio, aún existente.
Su primera denominación fue «Los forzosos de Almagro», como se ve un nombre poco ortodoxo que obligó a modificarlo por el actual. Este equipo a través de su historia poseyó varios apodos, «Los Cuervos», por las características sotanas negras de los sacerdotes católicos, como era su fundador,
«Los gauchos de Boedo», «El ciclón», «Los carasucias» y «Los matadores».
Aún hoy, por ser un barrio del sur de la ciudad su arquitectura no ha sido mayormente modificada manteniendo todavía algunas casas con el estilo itálico de sus comienzos y perdurando un perfil bajo típico de las urbanizaciones suburbanas.
Aquí se presentan fotografías artísticas del Boedo de hoy que rescatan las reminiscencias del ayer, a través de la cámara de Gustavo Frasso y muestras literarias de los herederos de la tradición boedense que siguen escribiendo sobre las múltiples facetas que nos presenta el barrio.

Omar J. Blanco