Es oportuno, al celebrarse el 11 de junio
de 2009 el 429º aniversario de la Fundación
de Buenos Aires por Don Juan de Garay, conmemorar
también algunos hechos históricos
que señalan su desarrollo. El historiador
Edgardo J. Rocca, presidente de la Junta
de Estudios Históricos del Puerto
de Nuestra Señora de Santa María
de Buen Ayre y Barrio de Puerto Madero,
nos ofrece su trabajo que lleva el título
de esta nota.
En
su sección marítima de El
Argos de Buenos Aires, el 18 de junio de
1825, espacio en el cual se anunciaba el
movimiento de buques, se puede leer el arribo
del barco de bandera inglesa Druid, acontecido
dos días antes. Agregaba que la embarcación
había cumplido una dilatada travesía
de Gibraltar, desde Madeira 61 días,
Cabo Verde 39 días, estando consignada
a la firma J.P.Robertson y Cía.
La noticia
podía haberse considerado como de
rutina si no fuera porque junto al nombre
de la nave se aclaraba: Buque de vapor.
En rigor de verdad, el Druid había
cruzado el océano empleando el medio
propulsor que se utilizaba en esos años,
la fuerza del viento. Este barco estaba
construido de tal manera que era posible
colocar en sus entrañas, una máquina
para su propulsión a vapor, la cual
moviera sus dos enormes ruedas a paleta,
en babor y estribor.
Un rudimentario
astillero del Riachuelo fue escenario propicio
durante varios meses del denodado esfuerzo
de sus dueños, para efectuar la transformación
necesaria a “paddle steamer”,
del primer barco de propulsión a
vapor que saliera del puerto de Buenos Aires.
Según
Gustavo G. Levene, en su “Historia
de los Presidentes Argentinos”, parte
I, nos informa que el abuelo materno de
Carlos Pellegrini, el inglés Santiago
Bevans, ayudó a alistar al Druid.
En las conocidas “Cartas de Sud-América”,
William Parich Robertson, como agente del
navío en Buenos Aires, nos dice que
“enorme fue el gasto realizado para
la época, pero de esa forma lo convirtió
en un barco de pasajeros con comodidad y
capacidad para aproximadamente cien viajeros”.
El sábado 12 de noviembre de 1825,
la Gaceta Mercantil de Buenos Aires, publica
en sus columnas este aviso:
EL BUQUE DE VAPOR
Su capitán
Cambell (Bell).
Saldrá para San Isidro el Domingo
a las 9 de la mañana, si el tiempo
lo permite, y volverá al anochecer
del mismo día, y tomará pasageros
a 5 pesos cada uno, por la ida y la venida.
Los SS que gusten ir de pasage se servirán
concurrir al almacén de D. Francisco
Moldes, frente al muelle, hoy á la
tarde para que se apunten sus nombres”.
Destacado
solo por su título en mayúsculas
y negrita, este aviso se pierde entre otros
comerciales en la “Gaceta”,
en el cual anunciaba a la población
de Buenos Aires. la novedad de un barco
con propulsión a vapor. En el mismo
diario se ofrecía casualmente los
servicios de una “lavandería
a vapor”. Esta novedad no entusiasmó
demasiado a los habitantes porteños,
solo cuarenta se embarcaron. Seguramente
sin pensar que estaban realizando un acto
que pasaría a engrosar la historia
del puerto..
Pastor S.
Obligado en su publicación “Tradiciones
de Buenos Aires” (edición 1896)
nos lega la lista de viajeros:
“Miss Scheridadn, Mr. O’Brien,
Miller, Armtrong, Hannab,.....Obligado nombra
entre tantos ingleses, se encontraban: Manuel
Belgrano, Guillermo Brown, Bernardino Rivadavia,
Manuel de Sarratea, Pedro de Ángelis,
Manuel Balcarce, Bompland, Erézcano,
Riglos...
...Como punto final
de esta historia portuaria, podemos transcribir
la pintoresca descripción que hace
Obligado del viaje del Druid;
“Las once y veinte minutos, ni uno
más, ni uno menos, daba la campana
del Cabildo, en la hermosa mañana
del domingo 13 de noviembre de 1825, cuando
salió de este puerto el bergantín
a vapor Druid, Capital Bell. Buque, máquina,
capitán y marinería, matrícula
y pasajeros, todo era inglés hasta
el aceite de sus tornillos, y apenas el
río en que navegaba había
escapado de serlo, gracias al heroísmo
de sus hijos. Nada extraño era que
de popa á proa se oyera elk idioma
del mar, pues hasta la sirena parecía
silbar en inglés, según su
extraño acento...A poco de andar,
empezó el balanceo más de
lo que las ladys lo desearan, pues ya fuera
del puerto, con viento y corriente contrarias,
agitóse el baile...llegó desde
ese puerto de San Isidro el primer buque,
en su viaje de ensayo, quedando en ensayo”.
Edgardo E. Rocca
www.nuevociclo.com.ar
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