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países integran la O.E.A., Organización
de Estados Americanos, entre ellos –por
supuesto- la República Argentina.
Éste es el caso que nos interesa
particularmente resaltar en esta página.
Mientras
la presidenta de nuestro país se
enternece al recibir el pañuelo de
una de las madres que ha declamado universalmente
su apoyo a los movimientos guerrilleros
del mundo (recuérdese que España
le retiró todos los subsidios que
enviaba luego del apoyo dado a la ETA),
en su despacho se estaba recibiendo una
comunicación del presidente de Francia
solicitándole su apoyo a la petición
que pretende el mundo realice al máximo
responsable de la organización terrorista
colombiana, requiriendo la inmediata libertad
de Ingrid Betancourt, condenada a muerte
luego de un largo martirio de seis años
como prisionera civil de la FARC. Sin embargo,
han pasado ya muchos días desde el
show mediático organizado por el
presidente venezolano del que fue víctima
por propia aceptación nuestro ex
presidente y ninguna voz se ha alzado desde
el gobierno central para censurar con toda
la fuerza que su férrea defensa de
los derechos humanos hubiera hecho pensar,
la cobarde e inhumana actitud de las FARC,
manteniendo a sus prisioneros en la más
oprobiosa e indigna condición, condenando
a una muerte lenta y anunciada a muchos
de ellos, la más inminente la de
su víctima más emblemática,
la ciudadana colombiana de descendencia
francesa Ingrid Betancourt.
Su calvario,
todo parece indicarlo, está próximo
a su final trágico. Lamentablemente
las voces de América no se han hecho
sentir con la potencia que las declaraciones
de gran cantidad de sus dirigencias utilizan
para declamar la supuesta democracia de
sus gobiernos. Chile y Perú constituyen
excepciones en esta parte del sur americano.
Quiera Dios que su final no sea equiparable
al del TTe. Cnel Argentino del Valle Larrabure,
encontrado muerto el 23 de agosto de 1975,
tirado en un zanjón de Rosario, tras
372 días de cautiverio, con 40 kilos
menos de peso, ahorcado y con evidentes
muestras de su padecimiento. El destino
de Ingrid Betancourt no está en manos
del presidente Uribe (80% de aprobación
a su gestión en Colombia). Está
en la decisión del grupo terrorista
de la FARC que la mantiene secuestrada.
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