Lo que va de ayer a hoy. A propósito
de presidentes y ex presidentes. Hoy, en
este Año del Bicentenario, resulta
casi unánime el rechazo de la figura
del ex presidente Carlos S. Menem, a pesar
que muchos de los que hoy lo censuran fueron
sus entusiastas seguidores. La actual presidente
de los argentinos, Cristina Kirchner hace
trece años era excluida de todas
las comisiones de que formaba parte del
bloque del Partido Justicialista de entonces
y debió formar un bloque propio,
junto a Felipe Ludueña, otro Senador
por Santa Cruz.
El actual Ejecutivo no se cansa de censurar
las conductas de aquellos diputados y senadores
que, elector por el Frente para la Victoria,
llagado el momento de la discusión
de un proyecto de ley o la votación
del mismo, rechazan el autoritarismo y opinan
o votan según su conciencia.
De la misma forma que
han sido borradas de los archivos oficiales
los discursos y las filmaciones que registraban
los encuentros del presidente Menem y del
Gobernador Kirchner, en los cuales este
último afirmaba que aquel era el
mejor presidente que tuvo la República,
hoy también se han olvidado las noticias
que daban cuenta que la Senadora Cristina
Fernández de Kirchner no había
apoyado el proyecto de su bancada para aprobar
el Consejo de la Magistratura, motivando
el desprecio de sus pares del Justicialismo.
El voto de Cristina se equipara al del Vicepresidente
Cobos en la famosa discusión de “la
125” ya que impidió a su partido
lograr la mayoría que necesitaba.
La política tiene
estas cosas. El “borocotazo”,
que luego fue imitado por muchos otros,
las “candidaturas testimoniales”,
es decir las no candidaturas, la formación
de bloques unipersonales, la creación
de partidos de cuatro o cinco, y los “olvidos”
de la historia personal de cada uno.
Quien
hoy desde la máxima autoridad del
país exige acaloradamente un apoyo
sin discusiones, hace poco más de
trece años fue expulsada del bloque
por sus compañeros.
Prontamente
marcaría sus diferencias directamente
con el Ejecutivo. No ahorró críticas
por ejemplo contra el presidente Carlos
Menem por sus reiteradas ratificaciones
de María Julia Alsogaray al frente
de la Secretaría de Medio Ambiente,
reclamo que partía sobre todo desde
el propio Poder Legislativo. “Menem
tiene una interpretación errónea
del caso, en cuanto a que interpreta que
podría quedar desairado o sentirse
presionado por parte del Congreso”,
señalaba una medida pero crítica
senadora Kirchner.
Llevaba
menos de medio año en el cargo cuando
la senadora fue la única de su bloque
que votçó en contra del proyecto
de prórroga del Pacto Fiscal II,
que extendía su vigencia hasta fines
de 1996. La prórroga del Pacto le
permitía a Economía disponer
de un piso de coparticipación de
740 millones de pesos mensuales a distribuir
entre las provincias, las cuales no recibían
fondos desde hacía cinco meses. Un
retraso que incidió directamente
en la decisión de varios senadores
radicales que terminaron sumándose
insólitamente al oficialismo para
lograr que se aprobara la norma.
La rotura
de lanzas con sus pares tendría lugar
por esos mismos días, aunque no por
su oposición a la prórroga
del Pacto Fiscal, sino por embestir contra
el ministro de Defensa, Oscar Camilión,
ante la presunción de que armas argentinas
que tenían como destino declarado
Venezuela hubieran sido desviadas a Ecuador,
y el Poder Legislativo reclamó para
sí el papel investigativo. Obviamente
el Ejecutivo fue remiso a otorgar semejante
concesión y demoró cuanto
pudo la concurrencia del ministro de Defensa
Oscar Camilión al Parlamento, donde
los propios diputados oficialistas eran
partidarios de hacerle juicio político
por su responsabilidad en la operación.
“No creo en los argumentos que viene
sosteniendo el ministro; no me suenan creíbles,
por lo tanto debemos actuar con independencia
y dejarlo librado a su suerte”, advertía
el justicialista Carlos Soria, quien junto
con su comprovinciano Miguel Angel Pichetto
encabezaba el ala más dura contra
Camilión. Sin embargo, la orden que
bajó desde el Ejecutivo y que canalizó
el entonces titular del bloque justicialista
de Diputados, Jorge Matzkin, fue atenuar
los embates de la oposición. Esto
es, en lugar de permitir su interpelación
en el recinto, lo harían peregrinar
por las comisiones de Defensa de ambas cámaras,
comenzando por el Senado, donde las voces
eran menos críticas.
Sin embargo,
fue en ese ámbito donde la joven
senadora santacruceña sorprendería
a todos pidiéndole directamente la
renuncia. Mirando a la cara del ministro
y sin rodeos, descerrajó una catarata
de argumentos según los cuales la
situación en la que se había
involucrado la Argentina constituía
un verdadero escándalo y él,
como responsable del área, había
quedado en el centro de la escena. Por lo
tanto, más allá de las investigaciones
judiciales pertinentes, no debía
hacer otra cosa que renunciar.
“Senadora,
usted no tiene edad ni antecedentes para
solicitarme mi renuncia”, fue la réplica
del entonces ministro.
Semejante
irrupción terminó de confirmar
los temores de sus pares y una pregunta
recurrente que se le hacía era si
no temía que la expulsaran del partido.
“No creo que sean tan antiguos. Sería
un horror que, casi a fin de siglo, un movimiento
como el peronista plantee la expulsión
porque alguien disiente o tiene una actitud
diferente a partir de cuestiones fundadas.
Porque más que sectarios, serían
antiguos”, respondía la senadora.
Según
cuenta el libro Cristina K. La dama rebelde,
para la conducción de la bancada
justicialista no quedaban dudas de que Cristina
era una adversaria más, de ahí
que comenzaran a organizar reuniones aparte,
cuidándose de que la santacruceña
no se enterara de las mismas, o se reunían
previamente, por cuanto sabían que
ella siempre plantearía su disidencia.
Eran tiempos en que sí concurría
al bloque, como ya no haría en tiempos
futuros. “Se peleaba con todos, trataban
de no dejarla hablar...”, recuerda
un asesor, que apunta que esa práctica
se extendía también al recinto.
“Ella pedía la palabra y no
se la daban, o bien cuando ella hablaba,
Augusto Alasino y su entorno se iban del
recinto, o se ponían a hablar entre
ellos...”.
Pero no
fueron sus permanentes rechazos a las posturas
oficiales los causales de la expulsión
de Cristina del bloque. Si bien sus actitudes
y cuestionamientos habían tenido
a maltraer a sus “compañeros”
de bancada, la supremacía que el
peronismo ejercía en la Cámara
alta le permitía darse el lujo de
“tolerar” la rebeldía
patagónica. Cosa que hicieron más
allá de los constantes pedidos de
expulsión que se escuchaban -no sólo
querían echarla del bloque, sino
del propio partido- por sus permanentes
cuestionamientos a la gestión menemista.
Pero la
gota que colmó la paciencia del bloque
que comandaba Augusto Alasino fue la negativa
de la senadora a apoyar el texto de creación
del Consejo de la Magistratura, con lo que
le impidió a su bancada lograr el
número necesario para insistir con
la sanción original del proyecto.
Eran tiempos en que Menem y Duhalde extendían
al Senado su anticipada pulseada por la
sucesión en el 99, y en la Cámara
alta se quiso dar una muestra de que allí
el poder menemista era aún real y
concreto.
Mas no
la echaron. Con la intención de que
ella misma se apartara de la bancada, según
confiaron fuentes del propio oficialismo,
la mesa directiva del bloque resolvió
expulsarla de las comisiones de las que
formaba parte. La medida fue sorpresiva
y la involucrada se enteró al cabo
de una reunión de comisión
celebrada el 7 de mayo de 1997 en la que
nadie le avisó de nada, cuando llegó
un memo al despacho en el que le indicaban
que había quedado fuera de todas
las comisiones que integraba: Relaciones
Exteriores y Culto; Asuntos Penales y Regímenes
Carcelarios; Educación; Familia y
Minoridad; Economías Regionales;
Coparticipación Federal de Impuestos;
Asuntos Administrativos y Municipales, y
hasta de la Bicameral de Esclarecimiento
del Atentado a la Embajada de Israel y la
AMIA. La nota estaba firmada por el jefe
de los senadores justicialistas, Augusto
Alasino, y el secretario general del bloque,
Angel Pardo. Allí se indicaba además
quienes serían los senadores que
la sustituirían en esos grupos de
trabajo.
El
senador entrerriano Héctor Maya se
encargó ante la prensa de justificar
los motivos que llevaron al bloque a tomar
la inédita medida: “Nosotros
venimos registrando una serie de cuestiones
donde la senadora Kirchner se maneja con
excesiva individualidad, lo cual es respetable,
pero no es muy común dentro del peronismo...
En un bloque hay que debatir, pero para
mantener la unidad de un cuerpo es necesario
que nos sometamos a distintas reglas”.
La senadora
santacruceña tomó la decisión
como “un castigo a la provincia de
Santa Cruz (...) Yo soy representante de
una provincia y del Partido Justicialista
de esa provincia. Seré una minoría
disidente, pero tenemos el derecho de serlo”.
La decisión
adoptada por la conducción del bloque
justicialista generó un vendaval
de críticas que no hizo más
que fortalecer la posición de Cristina
Kirchner. Un grupo de diputados justicialistas
suscribió un proyecto de resolución
de la diputada santacruceña Rita
Drisaldi manifestando su discrepancia con
semejante actitud. “Esta medida priva
a la provincia de Santa Cruz de ejercer
plenamente su autonomía, ya que impide
la labor de uno de sus representantes electos
constitucionalmente”, señalaba
el proyecto suscripto además por
Irma Roy, Mario Das Neves, Rodolfo Gazzia,
Julio Migliozzi, Julio Salto, Fernando Maurette,
Darci Sampietro, Carlos Vilches, Sara de
Amavet y Sergio Acevedo.
La decisión
de los senadores justicialistas abrió
un debate sobre si la representación
en las comisiones corresponde al legislador
o al bloque. De hecho, al comunicarle el
bloque la decisión al presidente
del Cuerpo, Carlos Ruckauf, éste
les advirtió que la medida era antirreglamentaria.
Según los antecedentes de la Cámara,
la separación de un senador no puede
hacerse sin su consentimiento. Ante las
circunstancias, el bloque decidió
revisar la resolución y, habida cuenta
de la intención de Cristina Kirchner
de dar pelea, resolvieron no dar más
vueltas y directamente separarla de la bancada.
Eduardo Menem, Eduardo Bauzá, Jorge
Yoma y Alasino fueron algunas de las voces
de peso que se pronunciaron por semejante
decisión y pusieron las primeras
firmas que se recolectaron para echar a
Cristina.
Los senadores
justicialistas aseguraron que la permanencia
de su colega junto a ellos resultaba ya
“insostenible” debido a las
posiciones contrarias a las resoluciones
que adoptaban y a sus votos negativos. Cristina
replicó que había votado a
favor de todas las leyes del gobierno que
hacían a la transformación
económica y que en cambio lo hizo
contra todos aquellos proyectos del bloque
que implicaban un menoscabo para su mandato.
La senadora aludía a sus posturas
contra el ingreso de Ramón Saadi
al Cuerpo y su negativa a refrendar el acuerdo
por los Hielos Continentales, entre otras
cosas.
“Cuando
mi voto en contra no alteraba el resultado
que quería mi bloque, no hubo problemas.
Pero ahora que mi voto era decisivo en busca
de los dos tercios que necesitaban para
aprobar el Consejo de la Magistratura, me
castigan”, argumentó la legisladora,
enfatizando que lo suyo no era indisciplina,
sino que nunca aceptaría “disciplinarme
para una asociación ilícita”.
La senadora
Kirchner aseguró una y otra vez que
no se iría del Partido Justicialista
y que en el Senado formaría una bancada
propia, el bloque PJ Santa Cruz, en compañía
de su coterráneo Felipe Ludueña.
Este último, veterano dirigente santacruceño
ya fallecido, le anunció a Alasino
su ida del bloque a través de una
carta en la que fundamentaba su decisión
“no sin dolor y sin tristeza”
en el “desnudado desprecio que exhiben
los senadores por los principios que dieran
origen, fueron, son y serán razón
de ser en el seno del pueblo peronista”.
CUALQUIER SIMILITUD
CON LA REALIDAD DE HOY ES MERA CASUALIDAD
En el Senado el PJ perdió
el quórum propio
Otra versión (diario “La Nación)
Al margen: debido a la separación
en el bloque de la legisladora Kirchner
y de Felipe Ludueña, el PJ se quedó
sin número.
Al justicialismo del Senado
no le importó perder el quórum
propio cuando, sin más trámite,
decidió separar de la bancada a la
santacruceña Cristina Fernández
de Kirchner que, en la conformación
de un nuevo bloque, arrastró a su
compañero de provincia Felipe Ludueña.
Una alta fuente del PJ confesó que
la necesidad de lograr una "tranquilidad"
política prevaleció sobre
las probabilidades de fracasar en la votación,
sin la ayuda de los aliados provinciales.
Con el senador Eduardo
Vaca en uso de una licencia por enfermedad
y la banca de Saadi aún por definirse,
los peronistas perdieron la posibilidad
(por un voto) de manejar el alcance de la
mayoría simple.
Pero esta renguera parlamentaria
no impidió que, ayer al mediodía,
el PJ pusiera un punto final a sus diferencias
con la esposa de Néstor Kirchne Ella
siempre mantuvo una postura crítica
hacia ciertos temas muy caros al justicialismo,
como el Consejo de la Magistratura o la
privatización de los Aeropuertos.
Una carta firmada casi
por unanimidad le quitó a la senadora
el lugar que ocupaba desde 1995, aunque
no su raigambre justicialista Eso sí,
el PJ respetará las comisiones que
integra Kirchner, a pesar de que en esa
instancia legislativa representará
a su nuevo bloque "Justicialista de
Santa Cruz".
Un impedimento en ese
sentido hubiera significado la violación
del reglamento de la Cámara alta
y un cercenamiento al trabajo de legislar.
Así lo insinuó el titular
de la Cámara alta, Carlos Ruckauf,
antes de viajar a Japón "Vamos
a darle todas las facilidades para que forme
un nuevo bloque y para que integre las comisiones
que quiera -dijo ayer resignado una altísima
fuente del PJ-. Ahora estaremos muchos más
tranquilos todos. Porque siempre es mejor
saber que el viandazo viene de la UCR y
no de la oreja de atrás".
Los justicialistas
dan por terminado el episodio y confían
en que esta reducción en el número
les permitirá funcionar mejor en
lo legislativo, "Muchos senadores tuvieron
que tragarse sapos -explicó la misma
fuente-. Ella resquebrajaba la disciplina".
Para la senadora, en tanto, esto recién
empieza. Porque tiene en sus manos una nota
firmada por diputados del PJ que discrepan
con la actitud de sus compañeros
del Senado.
Además, Fernández
de Kirchner buscará un pronunciamiento
similar del cuerpo, basándose en
un proyecto de declaración que firmaron
senadores de la oposición.
-¿Cómo se
siente?, le preguntó La Nación
luego de una tensa jornada.
-Tranquila. Esa es la
expresión de lo que siento: ni una
euforia ni una depresión. Lo que
más me importa es que la gente te
dice: "no afloje".
-Donde se cumple mejor
la actividad legislativa, ¿desde
un bloque chico o grande?
-Se debe hacer con honestidad
y cuando no se puede, estamos de más.
Si el bloque del PJ exige subordinación
y valor en temas como Hielos Continentales,
evidentemente, no sirve.
El Senado parece la casa de los locos Adams:
los justicialistas andaban con las notas
por los pasillos... un error detrás
de otro.
-¿Esto fue un tiro
por elevación a su marido?
-Se castiga al que
piensa distinto. Este es el precio de defender
los intereses de la provincia de Santa Cruz.
María Fernanda Villosio
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